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Escrito por Te Invito al Cine

31 enero, 2018

«La forma del agua»: Monstruos, humanos y emociones

«He sido salvado y absuelto por ellos. Los monstruos son nuestra forma de darle sentido a lo imperfecto…He creado cuentos muy extraños hechos de movimiento, color, luz y sombra. Y en muchos de estos casos, tres instancias precisas, estas pequeñas historias han salvado mi vida».

Al momento de pensar en una película donde existen monstruos y humanos con características específicas y una relación llena de emociones entre ellos, sabemos que nos enfrentamos a una película de Guillermo del Toro. «La forma del agua» trae consigo un pedacito de lo más profundo de este director. Llena de misticismo y ambientada durante la Guerra Fría en Estados Unidos, la película cuenta la historia de Elisa, interpretada por Sally Hawkins, una mujer muda que trabaja en un laboratorio de alta seguridad, propiedad el gobierno. Su vida, que poco sale de la rutina, se ve rodeada principalmente de su compañera de trabajo Zelda (Octavia Spencer) y su vecino Giles (Richard Jenkins). Un día, tras la llegada de un nuevo equipo al laboratorio donde trabaja, la vida de Elisa comienza a dar un giro luego de empezar a establecer una conexión con la criatura marina que están estudiando; pero al enterarse que los planes que el gobierno tiene con él, debe conseguir la ayuda necesaria para lograr sacarlo de ahí y poder liberarlo.

Es difícil negar que Guillermo del Toro tiene un sello muy propio, el cual deja plasmado en todas sus películas, en donde pareciese que dejara un pedacito de él en cada una de ellas y que en esta ocasión no fue la excepción. Su capacidad de concretar todo lo que pasa por su mente y que esto tenga éxito viene dado por el talento que él, y todo su equipo, tienen para darle armonía entre todos los elementos que forman la película.

Sara Hawkins tiene una deslumbrante actuación. El hecho que su personaje sea mudo presenta un desafío muy grande, ya que debe sostener su actuación con su desplante, sus movimientos y sus expresiones; todo lo que no dice con su voz, lo logra explayar con su cuerpo. La fotografía de la película, la iluminación y la paleta de colores logran crear un ambiente místico, con un toque irreal, pero verosímil; sabemos que estamos en un lugar físico real, pero la forma en la que se creo este lugar nos hace difícil identificar dónde nos encontramos.

Pero sin duda, uno de los factores que más logran armonizar y ambientar la película, es su musicalización. El encargado de esto es Alexandre Michel Gérard Desplat, compositor francés que ha arrasado en todas las entregas de premios a las que ha sido nominado, incluyendo los Golden Globes. Su trabajo en esta película apunta directamente a influir en cada una de las emociones del espectador, haciendo la conexión entre este y la historia mucho más potente.

«La forma del agua» llega a los cines el 1 de febrero y se espera que el éxito que ha tenido no solo se refleje en los premios que ha ganado, sino que también llenando las salas de cine del país.

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Por Pamela Ramírez

 

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