[Reseña] “Verano 1993” – La pérdida a través de los ojos de Frida

Verano 1993 (Estiu 1993), es la ópera prima de la realizadora catalana Carla Simón. Fue altamente alabada por la crítica, siendo estrenada y galardonada en el Festival de cine de Berlín, uno de los más importantes del mundo, donde recibió el premio a mejor ópera prima. Está protagonizada por Laia Artigas, Bruna Cusí y David Verdaguer.

La película de Simón, que está basada en sus propias vivencias, narra la historia de Frida, una niña de seis años que tras la muerte de su madre, debe mudarse a vivir al campo junto a sus tíos y su prima, que ahora serán su  familia. Durante el verano, ella deberá ir adaptándose a los cambios y a su nueva vida.

Verano 1993 es una película sobre la pérdida de un ser querido, sobre cómo abordamos la muerte de maneras distintas. En la primera secuencia del filme, Frida está en la calle y observa las celebraciones de San Juan y un niño le pregunta por qué no llora. Su madre se acaba de morir y ella no llora, y es que así como este, a lo largo de sus 97 minutos de duración se irán produciendo momentos tan duros como sutiles, a través de los que podemos ir ahondando en los personajes, sus motivaciones, miedos y sobre todo, emociones. Así, se va desarrollando un guion que apuesta por la simpleza y lo cotidiano de la vida de esta niña, que tiene que ir entendiendo por qué ahora sus tíos son sus padres y su prima, su hermana.

En cuanto a la realización, el trabajo que -por todos lados- cabe destacar, es la dirección de actores que logró su directora, y la capacidad de interpretación de las dos niñas que no sobrepasan los 6 años y que están perfectamente verosímiles en esta historia. También cabe destacar el trabajo que logra Bruna Cusí (Marga en la película) generando una química sumamente especial con la pequeña Laia Artigas (Frida).

Por otro lado, respecto a las decisiones formales y estéticas, Verano 1993 se mantiene en un tono naturalista. La cámara muchas veces se queda quieta y simplemente observa las acciones de los personajes, en otros momentos, en que la emoción está más a flor de piel, se acerca un poco más. En tanto, el trabajo de arte está centrado en dar la atmósfera veraniega al film, haciendo uso de colores claros y vivos como verdes y rosados, como también se hace cargo de ubicar temporalmente al universo del filme, ya que como su nombre lo indica, la historia transcurre en 1993, en ello contribuyen el trabajo de vestuario y utilería.

Finalmente, no cabe más que recomendar esta pequeña joya, que logra emocionar a través de la sutileza a la que apuesta, haciéndonos testigos del verano en que todo cambió para Frida y su nueva familia.

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