“Swing”: Dándole otro sentido a la comedia chilena

Esta semana llega a los cines una nueva apuesta cinematográfica chilena: hablamos de Swing, la ópera prima del director Lucho Smok. La historia nos presenta a Gustavo (Álvaro Morales) y a Dolores (Elisa Zulueta), un matrimonio convencional de clase alta que, tras conocer los problemas financieros que sus mejores amigos están enfrentando, deciden invitarlos a vivir con ellos por un tiempo. La llegada de estos personajes llega a perturbar la vida tranquila que Gustavo y Dolores llevaban, sobre todo, cuando tras una noche donde el alcohol fue protagonista, ambas parejas realizan un intercambio. Pero, por si la vida de los protagonistas no fue lo suficientemente sacudida tras este hecho, Dolores se entera de que está embarazada, pero ¿de quién?

Sin más preámbulos ni introduciéndonos mucho en la trama de la película -porque claro, hay que verla- es importante destacar que Swing nos trae una propuesta diferente a lo que hemos tenido oportunidad de ver en el cine chileno. Sí, estos últimos años han habido películas chilenas que han marcado un gran hito en la historia cinematográfica del país, pero son películas que escasamente el público va a ver a las salas. En cambio, el público chileno no duda en llenar las salas cuando la película se trata de una comedia o alguna película que se sabe que será un éxito de taquilla desde el momento en que se lanza el tráiler, a veces solo respaldado de que se sabe quién es el director o porque los protagonistas son rostros conocidos y populares. Claramente, esto no es un indicador de que la calidad de la película sea la más óptima; lamentablemente, aún se tiene el pensamiento de que las películas chilenas -en especial las comedias- son malas o que solo hablan o muestran escenas de sexo.

Pues bien, Swing toma estos dos conceptos tan criticados por el público chileno y los reinventa, logrando así una mezcla muy bien lograda, que deja de lado todo lo que se ha dicho anteriormente.

Si bien no es necesariamente una obra maestra (depende del punto de vista de cada espectador), la película funciona de manera sencilla y precisa, cerrando limpiamente la historia, sin dejar fugas narrativas de las que jamás sabremos en qué terminan. No es una película que te hará reír a cada instante; más bien, los momentos de comedias son adecuados, justos y suficientes, dando espacio y tiempo para mezclar los acontecimientos con unos toques de drama que le dan aún más intensidad a la película.

Swing es una de las apuestas del cine chileno que este año sin duda triunfará. En cines desde el 5 de abril.

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Por Pamela Ramírez


 

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