«Silencio»: El sufrimiento sin palabras

Martin Scorsese es uno de aquellos directores que basta con nombrar de apellido para saber que se trae algo grande entre manos, no importando el género al que se avoque, siempre genera algo de qué hablar. Pero la película que abordamos a continuación tiene uno de aquellos tonos que son difíciles, no solo de dirigir, sino manejar e interpretar, algo que incluso los medios pueden llegar a sacar de contexto y plantar una que otra duda. Sin más palabras, Silencio.

En el siglo XVII, el padre Rodriguez (Andrew Garfield, Amazing Spiderman) y el padre Garupe (Adam Driver, Star Wars The Force Awakens) emprenderán un viaje a Japón, en busca del padre Ferreira (Liam Neeson, Taken), donde su propia religión ha sido tratada como una práctica heréjica y sus creencias podrían llevarles por un camino sin retorno, dentro de las marcadas costumbres orientales.

Silencio es una película muy fuerte, que aborda un tema tan trascendental y complejo como es la religión Jesuita, la cual era muy mal vista ante los ojos de los ya fieles creyentes de otras costumbres, como los japoneses, que los veían como si fuese, muchas veces, una burla a sus ya establecidas tradiciones y, en algunos casos, era tema de estudio y observación, como si fuese una mala enfermedad a veces incurable o una plaga.

Scorsese se toma su tiempo en esta cinta de 2 horas y 41 minutos, para intentar explicar ambas caras de la moneda, con resultados absolutamente abrumadores y precisos, muchas veces recurriendo a cosas que son demasiado explícitas y que se entiende que debido a la época eran completamente aplicables, cosa que hoy en día se mira muy extraño, por encima del hombro de cada quien, pero en ello, Scorsese demuestra una vez más su maestría, poniendo a prueba a los actores en sus papeles determinados.

Andrew Garfield plantea al personaje principal del mismo modo que en Hacksaw Ridge (Hasta el último hombre), pero con una intensidad mucho mayor, porque él entiende todo el proceso, sabe cuál es su creencia y la diferencia de dónde estaba a donde llega a estar parado. Su actuación es increíble, una vez más, y logra mucho más que lo que planteó en la película de Gibson.

Andam Driver, por otra parte, hace muy bien su papel de mini protagonista-antagonista que, de algún modo, habría sido honestamente mucho mejor si se hubiese mantenido así y le hubiesen dado más que hacer, ya que es un excelente actor, que plantea dudas durante la primera parte de la película, pero lamentablemente siempre se ve relegado a segundo plano cuando habrían cosas que podría aportar a la trama, cosa que siempre sucede con él, a quien espero en un futuro verlo en un papel más protagónico, dando todo lo que tiene por entregar.

Liam Neeson encarna a un personaje levemente secundario que, a pesar que tiene mucho que aportar, tiene poco tiempo en pantalla, jamás le había visto con tal dramatismo, o hace muchísimo tiempo. El terror en su rostro durante la primera escena y aquellos pensamientos que oscurecen sus facciones durante el resto de la película, hacen notar lo increíblemente experimentado que es como actor dramático, que no requiera tantas escenas para mostrar su arrepentimiento y oscuridad ante sus posibles nefastas decisiones.

La ambientación sonora de la película es a ratos extraña, pero se entiende que se hace mucho aquella absorción de sonido para hacer sentir al público incómodo ante las cosas que se muestran, porque mucha parte de la película se basa solo en silencio y actitudes que se ponen más en movimiento que a través del diálogo.

Paralelamente, mencionar que los actores orientales, sobre todo Yôsuke Kubozuka en su papel de Kichijiro, son realmente impecables, se mantienen en sus orígenes tan bien que es imposible no creer lo que quieren entregar.

Finalmente, Silencio es una de aquellas películas grandes que Scorsese monta de cuando en vez y, a pesar que no sea una película taquillera, busca hablar de cierta historia que es muy difícil de contar sin dar un buen ejemplo, contarlo a través de la ausencia del sonido y con un trasfondo que muchas veces es difícil de aceptar.

Hay gente creyente que le costará ver la película, así que es bueno ir con la mente abierta y una buena disposición, porque está basada en hechos absolutamente reales.

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Por Rodrigo Carrasco

 

 

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1 Comment

  • Romina Panzer Reply

    17 marzo, 2017 at 14:53

    Que sea una película basada en la vida real la hace aún más atractiva. Tengo la cabeza bien abierta ya que siempre he mirado las religiones de forma externa. Respetando, pero sin profesar ninguna ya que, según mi propia experiencia de vida, sirven para separar y enfrentar a los seres humanos más que para unirlos. Cosa que es lamentable.

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