[Reseña] “Transit”: El dolor atemporal

Para Christian Petzold no importa si la invasión nazi fue a comienzos de los años cuarenta o en 2017. La historia es cíclica y el dolor atemporal. He aquí el dispositivo principal desde el que juega sus cartas Transit, película alemana protagonizada por Franz Rogowski y Paula Beer, estrenada en el Festival de cine Berlín en 2018,  y que esta semana llega a algunas salas nacionales.

Adaptación de una novela de Anne Segher, la película se sitúa en Francia durante la ocupación nazi. Allí, un hombre tiene los documentos de un escritor muerto recientemente y se hará pasar por él para poder escapar a México, pero mientras hace los trámites conocerá a una mujer que busca a su amante y que lo hará cuestionarse su decisión.

Transit es una película compleja y rica formalmente. El juego narrativo que establece es no acudir a las recreaciones de época para hablarnos de la segunda guerra mundial: el conflicto de los personajes está en los años cuarenta, pero la Marsella por donde se mueven es contemporánea. La fisura que crea esta estrategia de distanciamiento funciona en distintos sentidos, y ahí está precisamente toda la fuerza del filme. Por un lado, al existir esta disonancia entre lo histórico y lo que vemos, Petzold crea un puente a nivel simbólico, donde perfectamente la persecución y la búsqueda de refugio de la que fueron víctima los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, es comparable con los miles de refugiados que actualmente buscan asilo en una Europa que no les abre las puertas.

Por otro lado, también su estrategia sirve estéticamente para deconstruir y presentarnos desde otro punto de vista, una historia que al haber sido contada con los artificios de una película de época, hubiese sido un melodrama, pero que al estar planteada como lo está, puede llegar a distanciarnos tanto que realmente sólo nos quedemos con una reflexión post filme, pero que difícilmente entremos a entender y emocionarnos con lo que sucede entre los personajes durante la película.

Además de todo lo anterior, otro punto importante en la película son las actuaciones, sobre todo la interpretación de Franz Rogowski, quien a pesar de lo contenido del tono de su actuación, transmite todo el dolor y la desesperación que sufre el protagonista en las circunstancias que le toca afrontar.

En resumen, Transit es una película inteligente, pero a veces árida, difícil. Pero por sobre todo, es una propuesta interesante sobre un tema del que se ha hablado mucho en el cine, lo que la hará recordable por sobre muchas de sus hermanas temáticas.


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