[Reseña] «Clímax»: Un viaje sensorial

Tuvo su premiere mundial en la Quincena de Realizadores de la pasada edición del Festival de Cannes y recibió los elogios de la crítica. Muchos afirman que es la mejor película de Gaspar Noé desde Irreversible, y bueno, tal vez lo sea.

La cinta, protagonizada por Sofía Boutella (Atomic Blonde) y un grupo de bailarines que jamás había actuado frente a cámara previamente, nos sitúa en 1996, en un viejo internado en medio del bosque, donde un grupo de bailarines urbanos celebran el fin de tres jornadas de ensayos. Todo parece bastante normal, hasta que alguien se da cuenta que habían echado una droga a la sangría que todos bebía, y desde ahí se desatará una noche de violencia, distorsión y sexo.

Estéticamente, Gaspar Noé sabía perfectamente lo que quería y lo hizo. Clímax es un filme decidido, lanzado. Tiene todos los elementos que hacen reconocible el cine de Noe. Cuando la estás viendo, tienes la sensación de que todo eso ya lo has visto antes en sus otros filmes, y sin embargo Clímax es una película fresca, donde a partir de los lugares comunes de su cine, Gaspar Noé construyó algo particular y provocativo, como siempre.

Son tres los grandes bloques en que se divide la estructura de Clímax, bloques en los que el espectador va siendo guiado a lugares distintos de su percepción. Desde esa secuencia hipnótica de baile con la música al máximo, hasta ese tercer capítulo donde el plano secuencia es el código que permite meterse en el delirio narcótico de los personajes, quienes desde el éxtasis a la muerte van pasando a través de luces neón y penumbras, según lo que van viviendo.

En cuanto a los aspectos técnicos, destaca el trabajo en  fotografía, que a través del trabajo de iluminación (luces neon y claroscuro) y el de encuadre (planos cenitales y plano secuencia) logra crear una atmósfera desasosegante y a ratos claustrofóbica que es uno de los aspectos que están mejor logrados de la cinta. Por otro lado, el arte (a pesar de que todo transcurre en interior) logra dotar a Climax de un look muy particular y dar cuenta de la época en que transcurre la historia, sobre todo a través del trabajo de vestuario.

Finalmente, Clímax es un viaje sensorial, una de esas películas que vale la pena ir a ver al cine. De principio a fin es provocadora y derrocha estilo. En definitiva, recomendadísima.



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