[Reseña] “Beautiful Boy”: De intentos y recaídas.

Timothée Chalamet y Steve Carrell protagonizan el nuevo filme del director belga Felix Van Groening (The broken circle breakdown, 2014), que se inspira en las memorias David Sheff y su hijo adicto a la metanfetamina. La cinta que fue parte de la selección oficial del Festival de cine de San Sebastián, y por la cual Chalamet estuvo nominado a mejor actor de drama en los Globos de oro, esta semana llega a nuestra cartelera.

Beautiful Boy, tiene muchas cosas buenas y no tanto. Es una película emotiva, pero ni burda ni sensiblera. Hablar sobre el sufrimiento de un adicto, su lucha interna por salir a flote, y la también el de sus seres queridos, que no pueden ayudarlo pero tampoco abandonarlo, podría dar para hacer muchas películas, para hablar de muchos temas a través de la misma historia, y en este caso, Van Groening decanta por sólo mostrar la relación padre, hijo y drogas. Vemos a lo largo de los más de 100 minutos los diversos intentos de Nic por superar su adicción y los intentos de su padre por ayudarle, todo ello, intercalado con breves flash back de recuerdos de la relación de padre e hijo durante la infancia.

Y sí, todo lo anterior logra su cometido, pero es ese mismo punto de vista tan centrado en sólo un tema lo que hace que Beautiful Boy nunca termine de llegar a un lugar más allá que desde donde comienza, su guion funciona pero no despega y lo que podría haber sido un retrato a muchos niveles del impacto de las adicciones en las personas, se queda en una capa demasiado simplista de tema. Los personajes evolucionan poco, no tienen más mundo que el de las drogas y el sufrimiento, y esto sólo los aminora, aunque estén interpretados por una dupla excelente. Tanto Chalamet como Carrell, lo entregan todo y con intensidad suficiente, pero jamás pasados de tono.

En cuanto a lo demás, en general el tratamiento audiovisual funciona. Sobre todo el cambio de textura en la imagen entre la realidad y los recuerdos, aunque no es una idea tan original, aquí es un recurso bien usado, sutil, en contraste con el notorio uso de canciones extra diegéticas usadas en los momentos más emotivos, o también el uso de efectos de sonidos en las escenas con más tensión. En cuanto al montaje, quizá aquí hay otro punto flojo, pues hay momentos en que el relato -aunque lo sabemos lento- prácticamente no avanza.

En fin, Van Groening, apostó por un drama pausado y emotivo, claramente no tan intenso como su aclamada The broken circle breakdown, pero que ciertamente permite ver una cierta conexión en los temas en los que busca ahondar el director belga. Y Carrell y Chalamet, lo mejor del filme.


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