Paddington 2: La inocencia

El cine para niños siempre ha sufrido con la categorización por parte de algunas (muchas) personas que lo miran como un cine menor al ser demasiado infantil o con criterios que desafían el intelecto de “los m tenemos al gran estudio Ghibli o de estas ideas a pesar de que en un principio nos acercamos a un cine pensado para niños, ahás grandes”.

Si bien, existen películas que quizás se presten para aportar a esta creencia (como si fuera algo malo ser infantil), también las nuevas generaciones han crecido con un tipo de cine que se aleja de estas ideas a pesar de que en un principio nos acercamos a un cine pensado para niños, ahí tenemos a grandes como Ghibli o Pixar para demostrarnos que el cine es un arte transversal que puede encantar tanto a grandes como chicos por igual.

Aunque este cambio generacional también trajo consigo el vuelco hacia un cine para niños más profundo donde a veces se hecha en falta cierta reminiscencias a una inocencia perdida por los niños de hoy gracias a la invasión comunicacional que se ven expuestos día a día. Por un lado, no seremos nosotros quienes nos quejemos de esto, ya que maravillas como Coco (Lee Unkrich, 2017) no existirían gracias a esta idea, pero también se debe destacar cuando películas como Paddington 2 (Paul King, 2017) que –en apariencia menores- nos invitan a disfrutar de un cine que ya no se ve mucho, donde se busca recuperar el sentido de la aventura donde solo importa sentarse frente a la gran pantalla y volver a ser niños una vez más.

 

El oso cariñoso

Y es que Paddington 2 no quiere dejar ir al niño que todos llevamos dentro, la historia de este pequeño oso que ya asentado en la comunidad inglesa viviendo con los Brown decide comenzar a trabajar para poder comprarle un regalo a su tía por su cumpleaños y que debido a una confusión es sentenciado a 10 años de prisión, donde él junto a su familia adoptiva deben encontrar al verdadero culpable mientras se asienta en su nuevo “hogar” y sigue haciendo amigos gracias a una personalidad cordial y llena de buenos modales.

Estos últimos dos ítem son los que hacen al oso Paddington (llamado así debido a la estación de trenes donde fue encontrado) más humano que cualquier de los que comparten junto a él, un pequeño animal en el que abundan las buenas intenciones y llena de color la vida de los que están a su alrededor. Es decir, en Paddington 2, podemos percibir una ilusión y un cine que ya no se ve mucho, uno que apela a los sentimientos que muchas veces ya están perdidos en este mundo competitivo y personalista, por lo que tiene que venir un pequeño oso con su abrigo azul y gorro rojo a demostrarnos lo que hemos perdido en el camino.

La película

A nivel técnico no hay mucho que destacar de este film, más allá de que la personificación del oso y todo los FX que giran alrededor de su existencia son un lujo a vista del espectador, no sintiéndose jamás el efecto lo cual ayuda a tener una preocupación menos y solo sentarse a disfrutar de esta pequeña magia de dos horas de duración aproximada.

Donde si tenemos puntos a destacar es en la participación de sus actores donde todos se lucen en sus papeles, pero cuando siempre aparece uno que destaca es porque se nota que disfruto lo que hizo y acá tenemos el caso de Hugh Grant, quien demuestra su versatilidad y capacidad de reírse de si mismo al interpretar al villano de la función (no es spoiler pues esto jamás se oculta) un personaje histriónico y oscuro que atentará contra todo lo bueno que puede ser el pequeño oso.

En los tiempos de hoy, que exista Paddington 2 se agradece y se invita a que lo puedan disfrutar en una pantalla grande donde el sentido de la aventura desborda por la pantalla y saldrás del cine con una sensación de querer ser mejor persona, que para un filme que aspira a la pura entretención, dice mucho.

 

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Por Enzo Destefani

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