“Jesucristo SuperStar” (1973): Una canción vale más que mil palabras

En los tiempos de hoy

En época de Semana Santa, es un rito que la televisión nacional nos llena de producciones atingentes a la época, algunos clásicos de gran factura cinematográfica como “Los 10 mandamientos” (Cecil B. DeMille, 1956) o Jesús de Nazaret (Franco Zefirelli, 1977) que ostenta el récord de ser transmitida de forma ininterrumpida por TVN desde 1982. Y así, muchos clásicos de la época dorada de Hollywood se podrían mencionar, así como el revival que ha tenido el cine católico estos últimos años, pero una película que es un clásico desde el momento de su concepción; por temática, técnica, desenfado histórico, entre muchas otras virtudes es “Jesucristo Superestrella”, cinta que –basada en la obra de Andrew Lloyd Webber de 1970- logra ser una pieza atemporal que exuda convicción en lo que nos cuenta sin pasar a llevar jamás la creencia de la religión Católica.

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La historia nos relata los últimos 7 días de Jesús, desde sus preparativos para entrar a Jerusalén hasta el momento de la crucifixión, todo desde la perspectiva de Judas Iscariote, quien no está contento con el camino que ha tomado la doctrina de su maestro, generando un enfrentamiento ideológico entre ambos personajes que nos acompaña durante toda la cinta a la vez que vemos los duros momentos atravesados por Jesús hasta su muerte.

El poder de la incorrección

Por más que la obra haya sido concebida por dos grandes de la escena musical inglesa como Andrew Lloyd y Tim Rice, su fama en Estados Unidos no se hizo esperar, considerando todo el poder de la época hippie que estaba asentada sobre la cultura norteamericana, logrando que los sucesos armamentistas se convirtieran en un gran trasfondo al film. Incluso, permitiendo que la imagen de Jesús y su mensaje de paz obtenga más fuerza al quitarle la divinidad para sentir que sus palabras vienen de un hombre tan terrenal como cualquiera de nosotros –es más, que la obra finalice en la crucifixión tiene esa intención, quitar al hombre del mito evitando la resurrección-. Esto obviamente trajo no pocos problemas con los creyentes de la época que veían como se “desvirtuaba” la historia impuesta por los Evangelios, al darse la libertad de generar una relación entre Jesús y Judas que no se da a conocer en los libros sacros. Pero es esta misma relación la que le da poder al mensaje y permite llegar a más espectadores, que ven la historia desde un Judas que duda del mensaje y de lo que se ha convertido Jesús con su “fama”.

Jesucristo-SuperStar-Te-invito-al-cine-2A lo largo de la historia, se presentan además, varios anacronismos intencionados y referencias a la época tal como se vivía en ese entonces, lo que le dio mucha actualidad a todo lo que se contaba, con una sensibilidad que fue fácilmente absorbida por los espectadores. Sensibilidad que es fácilmente retratable en cualquier época, por lo mismo, “Jesucristo SuperStar” ha sido mil veces reinterpretada y actualizada a cada época contemporánea sin perder jamás la intención de su mensaje.

La técnica de hoy y siempre

Norman Jewinson, el director escogido para llevar adelante la cinta, tenía créditos de sobra para tomar el musical y trasladarlo a la gran pantalla. Con “El violinista en el tejado” (1971) recién fresco en la retina de los espectadores, supo empaparse del poder que tenían las letras y le dio una fuerza visual a las imágenes, haciendo uso de recursos del western para saber retratar el desierto y la interacción con los personajes así como darse licencias en el uso del zoom, un recurso que no siempre tiene buena acogida pero que aquí se justifica con creces al acercarnos en cada momento a las horas vitales que vemos de Jesús. Además, las coreografías se encuentran muy bien filmadas disfrutando y sintiendo el vigor de la musicalización y sus letras, con un montaje que nos hace vibrar cada canción, lo que permite disfrutar aún más lo retratado en pantalla.

En conclusión, un imperdible del subgénero religioso, una obra atemporal que gana fuerza con cada nuevo visionado. Disfrutable para creyentes y para los no creyentes ya que la potencia de sus imágenes y su innegable valor cinematográfico van más allá de la época en que se realizó.

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Por Enzo Destefani Espinosa

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