«Fragmentado»: Una película de actores

Más allá del titulo con el que iniciamos nuestra crítica, quisiera partir hablando de M. Night Shyamalan, el director que revolucionó el cine de suspenso a finales de la década del 90 con una película que para nadie viene siendo una desconocida, El Sexto Sentido (1999). Con su giro final abrió una serie de posibilidades a todos los films que le siguieron y que copiaron la fórmula hasta el hartazgo, siendo nosotros como espectadores quienes nos tuvimos que conformar con ver lo mismo una y otra vez. Pero Shyamalan lo sufrió más, entró en el vicio de Hollywood con sus niños prodigio al medir todos sus posteriores trabajos con su ópera prima, algo que finalmente pesó sobre su conciencia exigiéndose cada vez más. Gracias a esto tuvimos notables trabajos como El Protegido (2000) y Señales (2002), pero también un descenso donde El Incidente (2008), Airbender (2010) y After Erath (2013) terminaron por nockearlo y tanto público como crítica se apartaron de él (aunque debo reconocer que yo disfruté con esos film, pero a esta altura son casi placeres culpables).

Ave Fénix

Pero así como Hollywood te hunde, también aplaude cuando te sabes levantar (si no, pregúntele a Mel Gibson) y en esta oportunidad Fragmentado (2016) se ha vuelto el reencantamiento de público y prensa con el director hindú que vuelve a demostrarnos que las historias cargadas de suspenso y tensión son lo suyo, algo que ya se venía viendo como un renacer en su apreciado anterior trabajo (La Visita, 2015). En esta oportunidad vemos a ese Shyamalan dispuesto a movernos por sus propios rincones oscuros, a engatusarnos con su narrativa y hacernos partícipe de una historia que nos conecta con sus personajes, por mucho que la suspensión de credulidad esté pululando el lugar (algo inevitable en el mundo del director que siempre gusta de jugar con los aspectos sobrenaturales), pero ya lo dije, esta es una película de actores y Shyamalan confía en lo que tiene frente a la cámara y estos no pierden la oportunidad de probarnos que en el cine, todo puede ser posible.

Si uno se acerca al film solo con el tráiler en la cabeza (y críticas sin spoiler como esta), sabrá que en ningún momento se oculta la enfermedad del protagonista, interpretado maravillosamente por McAvoy (el Charles Xavier de la nueva saga mutante). Un problema de personalidad que el actor borda de una manera impresionante, ya que cuando salen a aflorar las ‘otras personas’ que habitan en su interior no solo existe un cambio en el vestuario, también podremos apreciar inflexiones en el rostro y movimientos corporales que nos hacen entender ante quién nos encontramos, algo que ayuda mucho cuando, con el transcurrir de los minutos, las personalidades ganan en participación dentro del film y gracias a McAvoy podemos disfrutar de su mundo interior. Otro punto a destacar es la conexión que logra el actor protagonista con una de sus acompañantes en la película, específicamente Anya Taylor-Joy es lo que hace grande a Fragmentado, y le da ese toque de complicidad en el que nos vemos envueltos; sentimos lo que sienten y nos vemos atrapados en el juego que nos entregan.

El salto de fe

La película no es densa, ni requiere de un gran análisis para ir comprendiendo hacia dónde se dirige. No hay trucos sacados bajo la manga como en sus mejores trabajos, pero el camino está trazado y Shyamalan logra un despliegue técnico y visual de primera categoría, demostrando que cuando menos dinero tiene para realizar el film, más logra que su creatividad sea la que lleve la batuta. Eso sí, y por no faltar a la verdad, quizá demasiado entregado a lo que sucede, puesto que se enamora tanto de lo que nos presenta en pantalla que el film puede resentir por un momento el pasar del tiempo (este es su film más largo hasta la fecha) pero el final lo amerita, una secuencia que requiere de saber que todo es posible y que solo depende de dar ese salto de fe para disfrutar y salir del cine con esa sonrisa característica de que lo pagado ha valido la pena, y que películas como esta que son un oasis en un mar de secuelas, sagas y otras varias salidas de esa fábrica de salchichas que de repente se pueden convertir en Hollywood, se agradecen y nos hacen creer que el cine da para todo, solo depende que entremos en el juego y estemos dispuestos a que nuestros ojos sean engañados.

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Por Enzo Destefani

 

 

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