“Emoji”: Meh

Se acabó la creatividad en Hollywood. O al menos eso nos hacen creer cuando ideas como una película basada en los emoji de los mensajes sale a la luz. Hoy en día las adaptaciones extendieron su concepto y ya no hablamos solo de libros o cómics; todo, absolutamente todo lo que tenga un mínimo de fama es archivado en algún escritorio que convierte la idea más inverosímil en un guion con los mínimos aceptables para poder entretener al público del cual se espera poca exigencia.

Un pequeño “Meh”

Y no es que estemos hablando de la sensación que te deja la película (que no se aleja tanto). En este caso, nos referimos a nuestro protagonista Meh, un emoji de Textolandia que entra a su primer día de trabajo para ser una alternativa de emoticón (donde el rostro que tienen va asociado a su nombre) por el usuario del celular donde viven. El problema es que Meh tiene una falla y es que no controla su expresión con lo cual realiza todas las caras asociadas a su emoji, lo que le trae consecuencias en su trabajo y de él dependerá no solo salvar su reputación, si no que el mismo mundo donde reside.

Un quiero, pero no puedo

Para que no exista la idea de que solo nos dedicaremos a despotricar en contra de la película, es bueno mencionar las fortalezas que tiene “Emoji” y, que dentro de todo, la película cumple. Si tus expectativas son bajas te pillarás con un film que puede entretener y hacer pasar un rato sin tanto sobresalto. Esto gracias a una fórmula que involucra una historia sencilla mil veces vista en el cine y simples reglas de credulidad que si te entregas a la aventura solo te queda ver el apartado técnico, donde los estándares cumplen para otorgar vida a todos los emoji existentes en nuestras app de mensajes –desde los mismos smile, pasando por la española o la mano en todas sus posiciones y colores-.

El problema con esta aparente sencillez es que, si bien no te aleja de la idea de poder entretenerte con el film, este se puede volver monótono, entregando una sensación de lentitud poco beneficiosa para los niños. Lamentablemente, nada de lo que vemos despierta una sorpresa como tal, lo que conlleva a que adivines los sucesos que vendrán sin tanta complicación y, cuando estas acciones llegan, tampoco logran ser tan motivantes ni están contadas de una manera tal que igual termines disfrutando de las aventuras de Meh.

Pero no es la realidad, y por momentos solo queda alegrarnos con esos apuntes de inteligencia que levantan un poco el metraje. Como por ejemplo, que la película pueda trabajar con las licencias originales de los productos (Facebook, Twitter, Dropbox) nos permite ver sus logos, además de hacer referencias directas a sus plataformas, generando cierta identificación con el espectador al compartir -en parte- ese mundo digital que habita en nuestros celulares.

La huella de Pixar

El gigante de la animación norteamericana comenzó a probar con la idea de presentar cortometrajes antes de la película principal –idea que antiguamente Disney había probado con pequeñas piezas audiovisuales dedicadas a Mickey y su pandilla-. El éxito de esta iniciativa la marcó el punto de que ya los cortos comenzaron a generar expectativas propias y la crítica especializada le comenzó a dar una dedicación aparte para aquellas piezas que exudan vida propia sin necesitar del universo Pixar para valerse.

Como los buenos ejemplos deben ser imitados, algunos de los proyectos animados que van llegando a cartelera comienzan a hacer uso de este modelo y en Emoji tenemos un pequeño cortometraje orquestado por el gran Genndy Tartakovsky, director de la saga Hotel Transilvania. Lo positivo de esto es que por breves minutos tenemos un pequeño viaje a ese interesante mundo que se nos plantea con el hotel de Drácula; lo negativo es que no intentan ir más allá de la mera anécdota y el cortometraje no aporta nada nuevo pasando sin pena ni gloria frente a nuestros ojos, solo un pequeño gag mientras la gente se acomoda en sus asientos. Una pena que no se haya aprovechado más la oportunidad.

En conclusión

Emoji se queda en una interesante idea, con apuntes muy entretenidos que pueden ser adosados como meras burlas al mundo actual o derechamente como críticas encubiertas –me gusta pensar que es más lo segundo-, pero que, lamentablemente, no explotan la fórmula al máximo, quedándonos con una sensación más amarga que dulce, en donde todo lo que podría haber sido solo se queda en intenciones en pos de no enredar demasiado el contenido. Se puede entender esto desde la perspectiva de que es una película para niños, pero tal vez -sin abandonar ese espíritu infantil- una repasada más profunda no le habría hecho nada mal.

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Por Enzo Destefani

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