“El Infiltrado”: Dos identidades y una delgada línea que las separa

Cuando abordamos películas basadas en hechos reales, es difícil hacerlo de una manera correcta, pues siempre tendremos las fuentes secundarias, sean primarias, aquello no importa, nunca tendremos cada diálogo intacto en cada situación que podamos abordar de un todo, por ende a veces los directores no saben tomar bien ciertos momentos y aquellos vacíos a veces desearíamos que así se quedasen. El asunto con El Infiltrado es un tanto más intrincado, pues esta película está basada en una autobiografía muy bien investigada.

Basada en una historia real ocurrida en los años 80, el agente especial Robert Mazur (Bryan Cranston) se infiltra entre los carteles altos de la mafia como Bob Musella, para descubrir el plan de lavado de dinero de Pablo Escobar y meterlo a él y a los suyos tras las rejas.

Bryan Cranston es un actor de alto calibre, pero a veces sobrevalorado, otras, infravalorado. A qué me refiero con esto: a que a veces uno espera ciertas cosas de él, pero son cosas que ya nos entregó, y más de alguno se sentirá identificado cuando hablamos del momento Heisenberg, en referencia a su ya pasada interpretación de Breaking Bad, aquellos momentos donde demuestra tener una personalidad que va contrariando el personaje inicial, y a veces uno espera demasiado de ello, pero en esta falsa cacería de brujas, tenemos un momento Heisenberg en toda la película, que es bastante espectacular, y el resto tenemos una gran y magnífica interpretación de Cranston como Mazur, y a veces muy Musella, y por este solo hecho la cinta vale su peso en oro.

Otro personaje es Emir Abreu, interpretado por John Leguizamo, un actor de renombre, que casi siempre se ve relegado a segundo plano, pero que logra surgir en la película debido a su historia adjunta. Este personaje es compañero de Manzur, claro que lo que Manzur lo tiene de investigador apegado a las normas, Abreu lo tiene por rupturista, haciendo una gran contraparte a todo lo que este último le dice, siempre asintiendo entre dientes, muy similar al trabajo previamente hecho bajo la misma dirección de Brad Furman en The Take (2007), que es simplemente muy apegado a lo necesario para llenar un papel que podría haber quedado de fondo y no lo hace.

Y mencionar que hay muchos buenos actores, que aunque valga o no su corta participación en la cinta, todo lo que hacen es de manera memorable y muy bien desarrollado. Pero no por menos desmerecer a Diane Krueger en su papel de Kathy Ertz, la recién iniciada en el mundo infiltrado y compañera de Manzur, la cual cumple espectacularmente su papel, siendo una sorpresa total en medio de la película, integrándose tarde pero haciendo gran acto de presencia.

El tono de la película es muy ad-hoc, se mantiene de principio a fin y no se “agringa” como lo hacen otras adaptaciones, solo para impresionar o hacer algo colateral exagerado, y cumple toda expectativa de color y visual, incluso en el acto final, donde toda exageración y reutilización de explosiones y caprichos hubiesen sido permitidos, se mantuvo de pie sin necesidad de moverse más allá de su metro cuadrado.

Actuaciones impecables, ambiente impecable, un gran thriller que está muy bien ambientado y asentado dentro del periodo en el cual se extiende.

Si te gusta Bryan Cranston definitivamente debes ir a verla, es un actor increíble y lo demuestra a cada momento. Y si te interesan cintas como El Lobo de Wallstreet o Amigos de Armas, seguro querrás ver esta película, siendo que estas últimas pertenecen al mismo año de estreno, aunque El Infiltrado recién haya llegado a nuestro país.

Recomendada.

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Por Rodrigo Carrasco

 

 

 


 

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