“El Ciudadano Kane”: Un misterio llamado Rosebud

Un chico llamado Orson Welles

Sin faltar a la verdad, una película como “El Ciudadano Kane” (1941) jamás se podría haber concebido hoy en Hollywood; la libertad creativa y artística que tuvo Orson Welles –con solo 25 años de edad- por parte de los estudios RKO, productores de la película, es algo que nadie jamás volverá a tener y menos si consideramos que es la primera película que dirigió en su vida. A favor de la decisión tomada por RKO, Welles tampoco era un completo desconocido, tenía cierto camino recorrido en el teatro y su fama reventó cuando por medio del radioteatro, hizo un escándalo nacional con su interpretación de “La Guerra de los mundos”, provocando que muchas personas creyeran que lo escuchaban por radio era real, mérito del novel director.

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Aquella ópera prima

“El Ciudadano Kane” cuenta la historia de Charles Foster Kane –personaje basado en un magnate de las comunicaciones- que en su lecho de muerte menciona la palabra “Rosebud”, sin que nadie entienda su significado. Esta intriga genera que un periodista indague por medio del relato de varios personajes, saber a qué se refería este hombre, que tuvo todo y nada a la vez.

A pesar de su corta edad y no tener experiencia en el mundo del cine, Welles logró construir una maravilla a su alrededor, en parte gracias a la experiencia del radio teatro –puesto que muchos de los recursos provienen de ahí, sobre todo a nivel sonoro-, y porque además se rodeó de profesionales de gran experiencia y calidad como el director de fotografía Gregg Toland, reconocido en su área por films de la talla de “Cumbres Borrascosas” (William Wyler-1939) y “Las Uvas de la Ira” (Jhon Ford-1940) con quien Welles logró construir técnicas visuales adelantadas a su tiempo que marcarían pauta para el cine siguiente; como por ejemplo la creación de una atmósfera que remarca excepcionalmente toda la condición sicológica del personaje principal. A su vez, compartió con grandes profesionales que daban sus primeros pasos en el cine como Bernard Herrmann, que a través de la banda sonora trabajada en esta película, demostraba las maravillas musicales que nos dejaría con el tiempo –sobre todo en hitos cinematográficos que lograría su unión con Alfred Hitchcock-, y Robert Wise quien acá logra un magnífico trabajo de montaje para luego convertirse en un connotado y versátil director de películas como “Ultimatúm a la Tierra” (1951) y “La Novicia Rebelde” (1965).

Una maravilla técnica

Construido en base a flashbacks gracias a lo que cuentan quienes compartieron con Foster Kane, el film nos presenta una historia llena de matices y sucesos que quizás nos crean más preguntas que respuestas, como consecuencia de un montaje e imágenes que no deja ver todas sus cartas, porque muchas veces los relatos se cruzan con leves variaciones según quien lo cuenta. Esto para el tiempo de su realización fue toda una innovación, pues el pasado y el presente se cruzan dentro de la historia como no se acostumbraba en Hollywood, que hasta entonces, la regla eran historias lineales con un principio y un final muy claros.

Por otra parte, los fotogramas destacan especialmente en el uso de la fotografía, donde el blanco y negro –extraído desde el expresionismo alemán- refuerzan todos los aspectos de un film que constantemente habla en torno a su personaje, de su condición sicológica y sus motivaciones. Es difícil creer que “El Ciudadano Kane” sea la primera película de Welles, debido a un gran manejo del lenguaje cinematográfico que encierra cada uno de sus planos -transmitiéndonos una infinidad de información que sorprende ya desde su primer visionado-, sino que también, su relato se encuentra tan bien armado que te insta a seguir atento a la investigación, que toma ribetes hasta de detective mientras acompañamos al periodista quien solo busca una conclusión. Junto con el interés de este personaje, también crece nuestra propia curiosidad, y más allá de si llegamos a saber qué significa “Rosebud”, su vida expuesta nos atrapa desde un principio y nos motiva a tener diversas sensaciones por este solitario hombre.

Y  así…

“El Ciudadano Kane” fue considerada por muchos años la mejor película de la historia; sus cualidades técnicas, su portentoso guión, su montaje lleno de matices y una fotografía de exquisita factura, la convierten por derecho propio en un film que nadie debe dejar de ver antes de morir, ya que aunque existan amantes y/o detractores de esta película, nadie jamás podrá obviar lo que aporta y lo que significó para un chico de 25 años, que luego demostró con creces ser uno de los mejores directores que el cine nos ha regalado.

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Por Enzo Destefani Espinosa

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