“Coco”: La belleza de la imaginación

No es de extrañar que Pixar haya sacado una nueva obra capaz de hacernos olvidar este mundo en el que vivimos por unas horitas. La creatividad y el poder que tienen sus imágenes, llenando cada parte de la pantalla en todas sus obras –incluso aquellas que son consideradas menores, como la trilogía Cars– es algo que se agradece, además de que nos hace siempre volver a creer en esa manida frase sobre “la magia del cine”. Con Coco (Lee Unkrich, 2017), nos encontramos viajando a un mundo lleno de colores que maravilla a los más pequeños y una historia potente para fascinar a los “adultos” que se acerquen a las salas, es decir, Pixar lo hizo otra vez.

Cuando el trabajo se nota

Algo que siempre ha sido valorable y se siente en sus fotogramas es el enorme respeto de la productora animada por lo que es México. Tal vez uno puede entender más o menos sobre el “Día de los muertos” (día en el cual está basado Coco), pero se nota cariño y una real intención por trasladar en imágenes el sentir de una cultura que por décadas nos lleva maravillando con tal particular momento.

En este caso le dan una vuelta especial en base a la historia de Miguel, un muchacho que anhela ser músico como su ídolo, Ernesto de la Cruz, pero debido a un pasado familiar (que es explicado de manera muy linda a modo de introducción con el uso de unos decorativos de la fiesta en cuestión) su abuela no lo deja ni mirar una guitarra. Entonces Miguel buscando realizar su sueño a la fuerza termina envuelto en una mágica aventura por el mundo de los muertos, aquellos antepasados mexicanos que se acercan en ese día especial a compartir un momento con sus familiares que aún los mantienen en el recuerdo.

Y todo lo que mencionamos hace dos párrafos atrás es cierto, la historia está llevada con una soltura que te habla del trabajo, de la dedicación y del amor que está puesta en la película. Los directores estuvieron años en investigación y se agradece ese nivel de dedicación porque podemos tener trabajos como Coco, para mirar y disfrutar.

Niño-Adulto

Algo que no me deja de sorprender en historias como esta, es el nivel de madurez que se puede ver en su relato; es decir, tenemos todos esos puntos que se pueden identificar con los niños (los ya mencionados colores, la música y personaje completamente entrañables), pero por momentos podemos sentir una historia que tiene un nivel de profundidad que nos llega a los más grandes. Reflexiones sobre la vida, lo que significa ser recordado por alguien, el cariño por aquellos que partieron, e incluso las consecuencias sobre ciertas decisiones que vamos tomando que conectan con los momentos que cada uno de nosotros puede estar viviendo. Temas de una madurez comparable con los magistrales primeros minutos de Up (Pete Docter, Bob Peterson, 2009), o con toda la temática del recuerdo y de lo que significa crecer que vemos en Toy Story 3 (no por nada repite director). Coco es una digna hija de su tiempo, donde cada vez las tradiciones se van perdiendo y este remarca la necesidad de mantenerlos porque al final, nos convierte en quienes somos.

La verdad, siento que no podré expresar en muchas palabras la maravilla que reviste la décimo novena producción del gigante animado, pero sí poder instarlos a acercarse a las salas de cine y poder disfrutar de cada uno de sus fotogramas; y de paso también poder entender por qué está rompiendo todos los récord en México donde tuvieron la suerte de ver con anterioridad a la gran Coco.

___

Por Enzo Destefani

 

 


 

Comentarios de Facebook

0 Comentario

Deja un comentario

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password