«Bailarina»: Soñar y perseverar

Es bueno ver, para variar, una animación que no provenga de suelo norteamericano, la hegemonía lograda por Disney (y Pixar por extensión al venir de la misma casa del ratón) más Dreamworks e Illumination, que a veces suelen dar la pelea, opaca en muchas oportunidades todo lo proveniente desde otras tierras –quizás solo Laika (Coralaine, Kubo) y Ghibli (Totoro, Ponyo) logran hacer algo de presencia extra-. En este caso Francia (en coproducción con Canadá) son los que intentan dar un golpe sobre la mesa y decir presente con una historia entretenida y que seguro será del gusto del público, por más que la poca presencia en la publicidad quizá mermará un tanto sus opciones de durar algo más de lo usual en las salas.

La historia de la pequeña Felicie, huérfana desde que tiene memoria, y su amor por el ballet nos envuelve de una manera divertida y amena. Si bien, el personaje tiene todas las características para haber resultado un tanto cargante, se las arregla para no llegar a ese punto y terminar agradando con su lucha por cumplir el sueño de ser bailarina. La animación es fresca y se complementa muy bien con lo que sucede en pantalla, un mundo que hemos visto en otras oportunidades: la protagonista que busca cumplir ese deseo que lleva en el corazón y que nada la detendrá hasta lograrlo aunque siempre existen los adultos para poner en riesgo algo que pareciera que por destino se debiera cumplir. El nombrar a los adultos no deja de ser importante, puesto que el sueño de todos se pone sobre la pantalla y la película avanza muy bien hasta demostrarnos que estos siempre se cumplen de una u otra manera según el esfuerzo que pongamos en ello. Quizá para cumplir con esta premisa se ven algunas situaciones forzadas en beneficio de que nuestra protagonista triunfe, o que incluso los grandes conflictos no logren tener el peso necesario que nos haga sentir que de verdad Felicie corre riesgos en su camino, pero se perdona con tal de que la gracia y el amor por su realización que se aprecia en los fotogramas no pierda gracia ni encanto, en pos del disfrute de los más pequeños pero también de los grandes, aquellos que ya nos vemos enfrentados muchas veces a realidades que ya quisiéramos distintas, pero que luchamos por llegar a ese punto de felicidad que todos anhelamos. Porque a la larga Bailarina (Eric Summer, Eric Warin, 2016) tiene también que ver con aquello que solo la perseverancia puede lograr.

Me gustaría destacar de manera personal la vis cómica puesta sobre el personaje de Victor, el mejor amigo de Felicie, un giro sin tornillo que es el disfrute de pantalla cuando su presencia hace gala. De esos personajes bobos pero de un corazón enorme que cuando Bailarina tiene momentos donde todo se calma y quizás afecta el interés sobre la película, Victor siempre aparece para alegrar todo y recalcar en parte los mensajes vistos por todo el metraje. Quizás el clímax de la película peca un poco de querer ser muy Hollywood, pero se entiende y perdona, hasta ese momento han logrado cautivarnos y estamos prestos para disfrutar con lo que suceda en Bailarina.

Recomendada completamente, aunque no para aquellos que prefieren dejar su niño interior en la casa. Véala, no se arrepentirá.

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Por Enzo Destefani

 

 

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