“Alien Covenant”: Una de dulce y una de agraz

Cuando uno piensa en Alien (Ridley Scott, 1979) inevitablemente se viene a la cabeza lo visto hace más de 30 años atrás cuando el terror se plantó en el universo y una versión más inteligente del slasher nos dejó a dos personajes icónicos: como la Teniente Ripley y el mismo Alien. Después de aquello tuvimos una excelente secuela militarizada a manos de James Cameron que ha envejecido bastante bien y las siguientes continuaciones que por una serie de variantes nunca lograron correr la misma suerte. Hasta ahí parecía que el mundo de Alien dormiría tranquilamente, pero vinieron los engendros de Alien vs Depredador (Paul W.S. Anderson, 2004) y Ridley Scott pareciera que le dio urticaria pues se vio en la necesidad de enmendar el rumbo de lo que fuera su aporte a la saga. De esta manera nos encontramos en primera instancia con Prometeo (2012), que en forma de precuela nos quiso contar una historia con unos aires filosóficos que nadie pedía y que contó además con un guion que tampoco aportó mucho entregándonos personajes lamentables y actitudes aún peores de parte de estos, donde solo se salva el androide David interpretado de forma magistral por Michael Fassbender y un gran diseño de producción marca de la casa.

Falsas Ilusiones

Hablar de Ridley Scott y sus películas es siempre impresionarse por técnica y diseño, algo incuestionable a estas alturas del partido. Un gran artífice de la imagen que se sabe rodear de excelentes profesionales que le ayudan a dar vida a todo aquello que el director espera, todo bueno hasta que llegamos al guion, quizás el punto más flaco en todas sus últimas producciones donde al comenzar los créditos finales siempre terminas preguntándote si acaso viste minutos extras de una película que no lo necesitaba; y en Alien: Covenant (2017) no es para una lamentable excepción. En honor a la verdad, primero quisiera aclarar que todos los cabos sueltos y absurdas interrogantes que se armaron en Prometeo acá intentan ser respondidas con más o menos suerte y en parte se enmienda el camino trazado, aunque gracias a esto es inevitable volver a entrar en una espiral filosófica que llena de densidad y letargo minutos del film que por momentos reciente en demasía la extensión de este. Aunque la contraparte a estas escenas es que son lideradas, en su mayoría, por una gran actuación de Fassbender -a quien tenemos aquí por partida doble- y de repente se perdona un poco lo que vemos.

A pesar de esto, otros instantes del film te devuelven las mariposas en el estómago, como cuando te reencuentras con ese viejo amor, en donde la esencia de Alien se percibe con algunas escenas que demuestran por qué la saga está en la cúspide del séptimo arte; pero no se engañen, porque al final solo son oasis en un desierto filosófico que nunca llega a enganchar del todo y nuevamente nos topamos con un “quiero pero no puedo”. Oasis que se reparten a lo largo de la película y que te terminarán dejando con un sabor amargo de algo que siempre pudo haber sido mejor.

Llevar al amén

A pesar de que me gustaría, nunca he estado en la posición de un director Clase A como lo es Sir Ridley Scott, pero sí me puedo imaginar estar en el puesto de aquellos que trabajan con él y puedo entender que por admiración o respeto de repente prefieres callar cuando sabes que algo no va del todo bien y en Alien: Covenant, es así. Escenas que no tienen sentido -no diré ninguna en particular por si usted estimado lector decide ir a ver el film, aunque igual se dará cuenta cuales son- a partir de lo que nos han contado desde el primer Alien hasta ahora o la aparición de personajes insulsos que actúan fuera de la razón y la lógica en cuanto a sus funciones remarcan, así es, nuevamente nos topamos con una ‘raza’ de científicos que tienen el destino de nuestro futuro en sus manos y actúan sin lógica ni coherencia más que la necesidad del director por equivocarse arbitrariamente para que la película avance según lo esperado y es ahí donde todos terminan llevándole el amén sin ser capaces de destacar esos errores que terminan costando el interés y la credulidad del espectador sobre lo que estamos viendo.

Pero estimado lector, más allá de lo escrito acá, visualmente la película es una pasada y si esos minutos de viejas glorias te son suficientes para disfrutar del cine, vaya sin miedo que acá encontrará su película del fin de semana. Por nuestra parte y a pesar de las decepciones, damos por sentado que para un próximo film de Alien, seremos los primeros en esperar su estreno. Así es el amor por el cine, uno de dulce y uno de agraz.

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Por Enzo Destefani

 

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